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Martes 26/10/2021

En román paladino

Marruecos

Sánchez envía una señal de aviso. Pero el conflicto de fondo continuará.

Publicado: 20/05/2021 ·
09:32
· Actualizado: 20/05/2021 · 09:32
  • Ceuta.
Autor

Rafael Román

Rafael Román es profesor universitario, miembro del PSOE, exconsejero de Cultura y expresidente de la Diputación de Cádiz

En román paladino

El autor aborda en su espacio todos los aspectos de la actualidad política tanto de España, Andalucía y la provincia de Cádiz.

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Ya tenemos una nueva crisis con Marruecos. Pandemia, crisis económica y, cuando el  verano  es prometedor, estalla  la crisis con Marruecos. No hay recovecos en su trasfondo. Solo uno: el Sahara Occidental. Para Marruecos, las provincias del Sur. Es la prioridad del trono, de los partidos marroquíes sin excepción y del pueblo marroquí. Todo lo demás es hojarasca. Incluso la reivindicación de Ceuta y Melilla es un pequeño postre comparado con el suculento manjar del Sahara. Con una dimensión de  más de la mitad de España,  Marruecos no lo quiere sólo por los fosfatos o la pesca sino por  su plataforma continental y la estratégica  fachada atlántica que le  puede proporcionar riqueza en metales especiales.

Trump legó un regalo a Marruecos mientras animaba a las hordas al asalto al Capitolio, el reconocimiento de su soberanía sobre el Sáhara Occidental. Marruecos se ha envalentonado y exige que Europa -y especialmente España, por los derechos  que acumulaba, y a los que renunció- siga la senda norteamericana. No será fácil porque el derecho internacional está para algo y la población española reconoce la deuda del honor  perdido con los saharauis, tras la   marcha verde, que aún avergüenza al ejercito y al pueblo español. Nunca a los gerifaltes del tardofranquismo que lo ejecutaron sin  dignidad.

Lo de Ceuta pasará. El gobierno ha estado a la altura del desafío, con decisión y mesura, aunque Exteriores cometió el enorme error de dar la excusa a Marruecos autorizando, sin avisar, la entrada humanitaria del líder saharaui, Brahim Ghali.  La presencia del presidente Pedro Sánchez  en Ceuta y Melilla,  es importante por lo infrecuente y  por la potente  señal de aviso que se envía. Pero el conflicto de fondo continuará.

El mantenimiento del “statu quo” del Estrecho de Gibraltar es fundamental para deslegitimar a Marruecos. España, Marruecos y Reino Unido lo saben. Las piezas no se tocan, porque pueden afectar a las otras. El gobierno norteamericano es rehén del acuerdo marroquí, para incorporar a  países árabes hacia el apoyo a Israel, con el yerno  y el suegro de Trump haciendo negocios. Al pueblo   marroquí  ese pacto le repugna, a su multimillonario rey, no. El trato vejatorio a sus ciudadanos, menores incluidos -gritando “Adiós Marruecos, viva España”- lo confirma. Las fuerzas españolas, con sobresaliente. El casi millón de marroquíes que viven en España son buenos ciudadanos. No hay que confundirse.

 

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