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Lunes 05/12/2022  

Reflexiones desde el sofá

A lomos de Yuti

Querido niño que un día jaleaba a grito pelado a lomos de aquel caballo de cartón piedra que había que cabalgar hacia ningún lado...

Publicado: 21/03/2022 ·
08:50
· Actualizado: 21/03/2022 · 08:50
  • Infancia.
Autor

José Diego Amores Revuelta

José Diego Amores Revuelta es licenciado en Historia y Archivero con influencia petermanesca

Reflexiones desde el sofá

Columnas de opinión que sólo pretenden invitar a la reflexión del lector sobre temas de actualidad

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Quiero dedicar esta columna aquel niño que un día lloraba desconsoladamente porque no quería entrar en la guardería de Micaela, que estaba frente a la su “Casa Nueva”. Él, que había vivido durante cuatro años en aquella vivienda, la “Casa Vieja”, con la puerta abierta a un patio de esos vecinos de antaño, que eran vecinos y familia al mismo tiempo, donde podía ir sólo a comprar cortadillos a la tienda de la Tata, un día su familia decidió cambiar de barrio para irse a un piso, donde ahora había que subir escaleras para entrar y en la que el ruido de la evolución estaba detrás de la ventana.

En aquella guardería pronto encontró el apoyo de sus compañeros, quien le iba a decir a ese niño que aquel que le tendió la mano hoy es uno de los mejores heladeros de la provincia, o que entre sus compañeros habría un futuro director de instituto, un alcalde o incluso un contertulio de Sálvame. Entonces lo único importante era comentar el último capítulo de Mázinguer Z o de salir corriendo de la clase para tirarse por el césped de los jardines de la Casa del Mar. Eran buenos tiempos aquellos a los que a este niño lo esperaba en la puerta de las clases el tío Juan de la boina, que le decía cuando había que cruzar la avenida. 

El tiempo ha pasado, en ocasiones mucho más rápido que lo que desearía y en otras demasiado lentamente, lo cierto es que, a ese niño de entonces, que siempre fue muy selectivo con sus amistades, hoy lamenta haber errado en alguna que otra ocasión con la elección de esos mal llamados amigos, que un día le retiraron la palabra por no pensar como ellos o por no “soportar” a otros amigos. También lamenta que hoy algunos le den la mano o besos y pregunten por su familia para que luego se quiten la máscara y disfrazado con un nombre de mentira se dediquen a faltarle el respeto en una red social. Pero es lo que tiene la edad adulta, que el ser humano aprende a disfrazarse cada día de algo nuevo para sobrevivir, necesario por supuesto, pero que daño se hace cuando ese camuflaje se utiliza única y exclusivamente para hacer daño. 

Ese niño hoy cumple 50 años, y aunque se plantea seriamente apartarse de un mundo al que llegó sólo y únicamente por conseguir que literalmente las cosas “se hiciesen bien”, lo cierto es que el agotamiento mental empieza hacer mella y necesita volver a apartarse de un mundo desagradecido y donde los amigos no siempre son de verdad. Consciente de que no será fácil que le dejen volver a dar un giro en su vida, intentará agarrarse a aquellos que, si fueron sinceros, para seguir, con sus errores y aciertos, pero desde la honradez de la sinceridad y conseguir caminar erguido ante los ataques de los señores del odio.

Querido niño, que un día jaleaba a grito pelado a lomos de aquel caballo de cartón piedra que había que cabalgar hacia ningún lado, pero siempre con valentía ante el ataque del enemigo de ficción, te pido que me insufles ese valor del que a veces necesito porque sé que no serán meses sencillos. Un día presumiste de ser un niño de Nunca Jamás, que nunca crecería, y aunque tu mente sigue aspirando a ser la de un feliz niño, debes avanzar sobre Yuti gritando libertad y autonomía para intentar contribuir en hacer un mundo mejor

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